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Cómo dejar de inventar excusas

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“Tengo déficit de atención”, “es que nací en México”, “me volteó a ver feo el maestro” y otra serie de excusas que me salían de la boca o venían a la mente cuando me enfrentaba con la realidad de que mi vida era un desastre y que me dirigía sin freno a arruinarla, sin tener siquiera 30 años. 

He pasado años aferrándome a narrativas sobre mí misma, las cosas que he hecho, la persona que he sido y la gente con la que he compartido mi vida. Me he obsesionado con la forma en que las cosas se han desarrollado. Un factor en común: mi manía de “explicar” mis fracasos: siempre tenía la culpa alguien (o algo) más. Pero en el fondo, muy en el fondo, era auto sabotaje puro. 

Si me conociste hace unos años, ya sabes cómo era antes, en la escuela, en el trabajo y la vida, sabes de lo que hablo. Si no, te lo resumo: me iba mal en la escuela y un poco peor en el trabajo. Mi sueño de migrar a Europa se veía lejano. 

Las excusas son tan fáciles de idear, acumulándose rápidamente hasta que no puedes recordar lo que te preocupaba porque has concluido que la has cagado tan a menudo que eres una causa perdida. He aprendido que estas excusas son el comienzo de historias más grandes que nos contamos. 

Cada uno tiene su propia interpretación de lo que pasó en su pasado y cómo le afecta. Nos gusta quedarnos atascados en el pasado porque queremos sentir certeza sobre lo que pasó o no pasó. Nos sentimos menos amenazados cuando nos enfocamos en lo que sabemos vs. lo que no sabemos. Tener el coraje de aceptar nuestra responsabilidad por nuestros errores realmente significa dar un paso hacia un futuro desconocido. Y el miedo a lo desconocido puede ser una gran razón por la que nos aferramos a recuerdos y creencias que pueden causarnos dolor.

Podemos vivir en estos ciclos durante años, escudriñando nuestras narrativas internas en nuestras cabezas. Porque toda la racionalización se siente productiva. Se siente como si estuviéramos resolviendo lo que nos duele, aunque sólo nos estamos cociendo en nuestra propia opinión de dichos eventos.

He aprendido mucho a través de la liberación de estas narrativas. Hoy les platico sobre tres cosas que he aprendido de dejar ir mi pasado este año, específicamente historias a las que antes me aferraba fuertemente como parte de mi identidad.

Ejemplo: Me había aferrado a la creencia de que mi déficit de atención significaba que no podría terminar una carrera o tener un negocio propio. Sí, tener TDAH hace las cosas difíciles a veces, pero no significa que sea imposible lograr mis objetivos. Pero el pensar que no tenía remedio, me daba un colchón de comodidad en el que podía excusarme ante mi falta de dedicación y disciplina. 

El hecho (mi TDAH) es algo que no puedo cambiar, pero mis pensamientos a su alrededor… Aquellos sobre los que tengo control. Y como pueden ver, el pequeño cambio en las palabras (de “no puedo” a “sí, puede ser un desafío, pero”) abre una gran oportunidad para mí de ver mi realidad con una comprensión completamente nueva.

Mi lema se ha convertido en esto: Sí, va a ser difícil, pero no, no es imposible.

Aquí hay tres cosas que he aprendido de convertir lo que no puedo cambiar en una excusa.

Reconocí que había sido reacia a salir adelante 

Siempre había visto mi TDAH como un defecto de carácter, algo que nunca iba a ser capaz de cambiar de mí misma. Me consumía en el dolor y en la dificultad que me suponía hacer las tareas del día a día. Luego me torturaba con la vergüenza y me sentía peor conmigo misma, haciendo aún más difícil hacer lo único que me haría sentir mejor: hacer algunas cosas, una a la vez.

Creo que la preocupación es una táctica que usamos para evitar mirar la verdad a la cara. Se han escrito MILES de libros sobre cómo vivir con TDAH, pero me rehusé a seguir los consejos, por que significaba dejar ir mi razón para no esforzarme en la escuela. Si aceptaba la ayuda de un medicamento o terapeuta, me iba a ser difícil respaldarme en mi enfermedad cuando me llegaran las malas calificaciones o los regaños de mis papás. 

Reconocer tu reticencia a avanzar ayuda a neutralizar el sentimiento, a separarte de tus emociones, y hace un poco más fácil encontrar algo de auto conciencia y claridad. 

Nada me rompió tanto el corazón como darme cuenta de que yo, y solo yo, era la persona que más me dificultaba la vida. No fue (ni lo es) fácil de aceptar, y constantemente me gustaría volver a deslizarle bajo el manto de “es que tengo déficit de atención” cuando tengo un problema, pero creo que este fue el paso clave que tuve que dar para cambiar mi vida. 

Tienes que darte cuenta de que culpar a otros no aliviará el dolor.

Cuando pensamos que lo que nos ha pasado no es justo, nuestro siguiente instinto es encontrar la razón. Porque a menudo somos menos conscientes de lo que pensamos, a menudo culpamos a los eventos externos o a la gente por nuestras circunstancias y elecciones. Sentimos que si podemos identificar quién y qué nos está haciendo sufrir, podemos encontrar alivio. Desafortunadamente, ese no es el caso, incluso cuando encontramos un cierre al asignar una fuente para nuestro dolor. No digo que este sea el caso de las víctimas de injusticia racial, violencia y abuso. Hablo de los momentos en que nuestra felicidad está ligada al comportamiento de los demás. Cuando nos encontramos buscando a alguien más a quien señalar antes de evaluar nuestro propio papel en el resultado, es una buena señal de que estamos mirando la situación con prejuicios.

El problema es que puede sentirse bien culpar a los demás. Podemos evitar enfrentarnos a las consecuencias y aplazar más sentimientos de dolor evitando lo que la verdad pueda descubrir. Cuanto más conscientes seamos de nuestro propio comportamiento y elecciones, más positivas serán nuestras experiencias. Ya no necesitamos que las personas se comporten de cierta manera para encontrar paz y satisfacción.

En vez de culpar a alguien más por tu pasado, tu dolor, o por ser incomprendido, piensa en las elecciones que hiciste y en cómo harías otras diferentes sabiendo lo que sabes hoy. Solo así podrás tomar mejores decisiones en un futuro. ¿Y la próxima vez que hagas una pendejada? Acéptalo y sigue adelante. 

Necesitas tener una razón para seguir adelante.

Personalmente, estaba harta de cómo me sentía. Una vez que me di cuenta de que era yo, y sólo yo, aferrándome a una historia que fue creada por mí, yo misma y solo yo, estaba lista para terminar con mi propia idiotez de una vez por todas. 

Querer liberarse de una relación dolorosa con nuestras acciones del pasado a menudo significa que el miedo a lo desconocido es más atractivo que la seguridad de un pasado doloroso. Lleva tiempo llegar allí, pero te animo a que te preguntes esto: ¿Estás lista o listo para seguir adelante? ¿Para ser libre de estos pensamientos? ¿Estás abierta o abierto a la vida sin esta narrativa hiriente? Si la respuesta es sí, escribe todo lo que harías diferente y lo más importante: lo que harás a partir de ahora. 

No puedes soltarte hasta que estés lista o listo para despedirte de las historias que te has contado. No puedes llevártelas contigo.

Sé que es difícil hacer las paces con las partes dolorosas de tu pasado. A menudo se sienten como viejos amigos. Pensar en excusas para nuestro comportamiento casi siempre se siente algo productivo, como si la preocupación y la angustia forzaran de alguna manera un resultado diferente. En el espíritu de esta temporada de nuevos comienzos, piensa en hacer las paces con tu pasado como un regalo para ti misma o ti mismo (y para otros en tu vida). Ten disposición a ver cómo es la vida después de dejar el dolor y dar la bienvenida a un nuevo comienzo (y mucha más felicidad) en tu vida.

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